LA HUELLA EN EL TIEMPO: APLICACIÓN PRÁCTICA

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LA HUELLA EN EL TIEMPO: APLICACIÓN PRÁCTICA

  • ¿Y eso para qué sirve? 
  • Para dejar constancia del contenido de un determinado documento en un momento dado en el tiempo. 

Esta es la respuesta más habitual cuando se pretende explicar qué es la huella o sello en el tiempo, utilizando la tecnología Blockchain. 

Ahora, la incógnita es saber si la huella en el tiempo se convertirá en uso cotidiano por las personas y las empresas y, si la sociedad acabará por familiarizarse con el lenguaje y expresiones que acompañan esta novedosa tecnología. 

¿Qué valor aporta, por tanto, el sello en el tiempo de la Blockchain? Pues la existencia de un contenido determinado inmutable en un instante del tiempo. Sin embargo, cualquier persona puede objetar de manera lógica y racional, el porqué de la necesidad de una prueba informática de un documento. 

En otras palabras: ¿porqué voy a obtener una prueba de la huella en el tiempo de un documento escaneado en formato PDF? 

La respuesta es inmediata: no es necesario. Si se tiene el documento físico, para que se necesita una prueba más de su existencia… si ya está existiendo materialmente. 

Parece que la Blockchain y toda esa turba de programadores han fallado el tiro y andan equivocados. Como, casi la gran mayoría de las cosas, es una cuestión de educación. Una persona debidamente educada e instruida, reconocerá de inmediato la validez de una tecnología o, en su caso, de su inoperancia (educar consiste en proporcionar la información o las pautas necesarias para que una persona pueda desenvolverse con fluidez en el medio).

Por eso, a todos aquellos que sienten la tentación de preguntar la controvertida pregunta de: ¿para qué sirve?, previamente su interlocutor debe recordarle que nos encontramos en la era digital, donde cada vez son más numerosos los documentos informáticos o llamémoslos con propiedad: los archivos digitales. Olvidemos entonces, el concepto anticuado de “documento”, procesemos la actualidad y hablemos ya y, de forma definitiva, de “archivo”, como un genérico. 

Bien, ya estamos centrados, y reconocemos la existencia autónoma de archivos, de archivos informáticos; todos ellos, susceptibles de ser modificados o alterados por un avezado informático. Ahora sí que se complica el asunto. ¿Cómo solventar este problema? Porque a los archivos digitales se les atribuye una autenticidad y certeza muy cuestionable. Incluso en los Juzgados, de forma libérrima, se les atribuye de validez, cuando podrían haber sido alterados por cualquier informático con los conocimientos suficientes o, por un simple aficionado. 

Otra de las disputas que se plantean al hilo de la práctica jurisdiccional es: ¿quién soporta la carga de la prueba: quién cuestiona el contenido del archivo fundamentándolo por una alteración del mismo o, quién defiende su integridad? ¿Quién de los dos tiene una mayor facilidad probatoria? 

Se puede apreciar, tras estas consideraciones, de la necesidad de dejar una prueba fehaciente en el tiempo de los archivos o de las interacciones informáticos. Con simplemente ser conscientes de la multitud de mails que una sola persona puede enviar y recibir en un solo día, de la gran cantidad de órdenes de compra que se emiten en las empresas, del aumento creciente del uso de la firma electrónica, de la gran cantidad de servicios contratados en Internet… sin lugar a dudas, toda persona y compañía va a tener la necesidad de asegurar sus archivos y asegurar la prueba ante las incidencias que puedan surgir. 

Alex Llopart-Mascaró Cogswell, Abogado 

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