LA BLOCKCHAIN COMO FRENO AL FRAUDE INDUSTRIAL Y ALIMENTARIO

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LA BLOCKCHAIN COMO FRENO AL FRAUDE INDUSTRIAL Y ALIMENTARIO

Cuando un consumidor compra un producto realiza un acto de fe, por el cual, deposita su confianza en las declaraciones que el propio productor divulga respecto del bien de consumo que comercializa. El consumidor está compelido a creer las bondades y cualidades oportunistas del producto que consume.  

Los estados cuentan con mecanismos de control para que los industriales, productores o comercializadores no engañen a los consumidores, pero estos mecanismos se revelan insuficientes, lentos, faltos de recursos y, en ocasiones, de ética. Recordemos el fraude cometido por el grupo Volkswagen para evitar los límites de emisiones de sus motores diésel o cuando, en el año 2017, varias personas fueron detenidas en nuestro país por comercializar carne vacuna cuando, en realidad, sus productos apenas rozaban un 25% de contenido de carne vacuna.  

Sincerándonos, que me han llegado a dar arándanos de un productor local asegurándome que eran ecológicos, grandes como uvas, cuando yo de niño he recogido arándanos en los Pirineos y, os aseguro, que los arándanos del bosque eran minúsculos comparados con los ecológicos. 

En definitiva, carece de relevancia que el productor lleve una corbata de 300 euros o unas rastas, todo humano está dispuesto a ganar más dinero si se le presenta la ocasión; la presencia y el atuendo no son más que técnicas de marketing.    

El fraude industrial, alimentario o sanitario, no se circunscribe a los países subdesarrollados o a la pequeña empresa obligada a resistir los embates de la economía. Como se puede apreciar, ninguna compañía escapa de la tentación de incrementar sus beneficios, rebajar los costes o transgredir la ley para evitar controles. 

La seguridad de los consumidores queda en manos de los propios productores y debemos dar credibilidad a sus declaraciones y documentos que firman, supuestamente “certificando” que un producto tiene un origen determinado, que no se han utilizado materias primas contaminadas, que se han seguido unos procesos de saneamiento o se han cumplido con las buenas prácticas de fabricación. 

Mientras todos estos empresarios y comerciantes realizaban su actividad habitual a lo largo de los últimos años, los ingenieros informáticos trabajaban en la creación de un nuevo modelo de organización económica y social. De los esfuerzos de estos aventajados ingenieros apareció el bitcoin. 

Esta moneda es el punto de partida de la estandarización de la información compartida. Su carácter globalizador es inminente y, no tan solo se queda en eso, sino que señala las intenciones de esta reciente tecnología, estableciendo una estructura pública y recreando un producto total y absolutamente trazable, desde su nacimiento a su continuidad, abriendo la puerta a una seria cuestión o dilema empresarial: ¿cabe la posibilidad de aplicar este diseño digital en el día a día de las empresas? 

Si la respuesta es afirmativa, las reglas del juego productivo van a cambiar, porque ya no quedará en manos del empresario o productor la decisión de no incluir en la composición de su producto la procedencia de un aroma alimentario adquirido a un tercer país fuera de la Unión Europea, lo que le permitiría comercializarlo como producido en su totalidad en Europa. 

¿Quién no ha oído alguna vez comentarios en referencia a los fraudes que se cometen continuamente con las denominaciones de origen? Por inventarme un caso: que compran uva de Perú y después en la etiqueta ponen que es un vino de Burdeos o del Penedés.   

Con el sistema de trazabilidad digital por medio de la Blockchain, la documentación ya no quedará bajo la responsabilidad de los industriales y su discrecionalidad, sino que podrá ser comprobada por las autoridades y, lo que es más importante, por los consumidores o los productores honrados y fiables. 

El sistema de trazabilidad aportará los datos objetivos y compartidos de la procedencia de una materia prima o producto, los procesos industriales a los que ha sido sometido por medio de la huella en el tiempo y el resultado final o bien de consumo destinado al público. 

Ahora, queda por ver qué empresarios están dispuestos a dotar de una transparencia real a sus productos y cuales no y, qué repercusiones económicas tendrá, ya que irónicamente, muchas producciones de origen van a ver mermadas su total global. 

 

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